La Leyenda de la Mulata

La Leyenda de la Mulata

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La Leyenda de la Mulata

 

En el último tercio del siglo XVII llegó a Tehuacán el noble caballero español Santiago de Quezada y Jiménez, nieto segundo del gran conquistador Gonzalo Jiménez de Quezada, valiente cordobés conocido como el más culto de los Césares del Nuevo Mundo que junto con Cortés, Pizarro y Valdini, escribió las páginas más importantes de la Conquista.

 

A diferencia de su ilustre antepasado, Santiago era taciturno, poco sociable y nadie sabía con certeza a que se dedicaba, salía poco de la casona marcada con el número 303 de la avenida Libertad, (hoy 4 norte-sur) que estaba ubicada casi en la esquina con lo que es en la actualidad Independencia Poniente.

 

Se le veía cruzar la plaza durante las grandes festividades de la iglesia a las que concurría todo el vecindario, como la de San Juan Bautista que despertaba la devoción general en la iglesia y numerosas capillas particulares dedicadas a su advocación, como la de las Ánimas y otras que circundaban la Hacienda Grande por el oriente.

 

Se sabía que iba con mucha frecuencia a la Puebla de los Ángeles donde tenía familia, y en el puesto de cobro de acabalas que quedaba a una cuadra de su casa, con frecuencia lo veían pasar los alguaciles, desde las rendijas del garitón que les protegía de noches tenebrosas donde la lluvia pertinaz no cesaba, acompañados sólo por la soledad y el silencio.

 

En una de estas noches lluviosas los gendarmes vieron salir a Santiago de Quezada envuelto en su tenebrosa capa con su caballo a galope, nadie imaginaba que a la mañana siguiente unos arrieros de recuas madrugadoras encontrarían a una joven mujer clavada de pies y manos a la derecha de la puerta de la casa de Quezada, para colmo con una partidura sangrante en la cabeza al parecer hecha con un leño macizo.

 

El suceso se difundió al momento.

 

El alcalde se trasladó al sitio nefasto donde gentes piadosas derramaban agua bendita, dejaban cerca estampas de santos con oraciones, pero nadie sabía quién era la desdichada mujer ni de dónde había venido… todo eran rumores, no obstante las principales sospechas recaían sobre Santiago de Quezada, a quien no se volvió a ver en Tehuacán.

Este horrendo crimen alteró el ánimo de nuestra pacífica ciudad entregada a sus ocupaciones, los frailes fueron a hacer exorcismos a la casona y la autoridad dio sepultura a los despojos;  aunque la justicia en un pregón solicitó la ayuda de los ciudadanos para aclararlo, todo quedó en conjeturas, sin embargo trascendió que algunos días antes del homicidio una bella india de Tepeaca había sido vista platicando con Santiago.

 

Al paso de los días se fue olvidando el hecho y sólo los arrieros al pasar por el lugar se santiguaban y trasmitían a quien no lo hubiera presenciado los pormenores de este crimen, desde entonces voces nocturnas lastimeras llenas de pena y visiones extrañas, volvieron difícil la vida de los guardias del puesto de acabalas.

 

El sitio y el suceso de esta misteriosa trama fue contada al calor de las evocaciones por una viejecita llamada Teresa de más de 90 años, quien la escuchó de sus abuelos, no obstante hoy, varios siglos más tarde, en la casa del señor Tovar y en las de sus vecinos ruidos raros se escuchan durante la noche y más de uno asegura haber visto estas apariciones sobrenaturales.

 

Extraído del libro Leyendas, Tradiciones y Consejas Populares de Tehuacán, de Guadalupe Martínez Galindo

 

 

 

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