Leyendas de Tehuacán: La Piel Roja

Leyendas de Tehuacán: La Piel Roja

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Leyendas de Tehuacán: La Piel Roja. Allá por los años treintas Tehuacán era una tranquila y pequeña ciudad a la que venían caravanas de enfermos de males hepáticos, a curarse tomando cada mañana sus milagrosas aguas minerales. La mayoría de los vecinos se conocía y sus alegrías o desilusiones se trasmitían de boca en boca, porque eran todavía escasos  los medios masivos de comunicación.

 

Por los años señalados vivía en céntricas calles un joven matrimonio que aunque de condición económica modesta parecían muy felices, ella, como era la costumbre de la época se dedicaba a las labores del hogar, y él era un “milusos” en una casa de huéspedes que recibía visitantes de todas partes del país.

 

Un día llegó a hospedarse una señorita que había padecido por largo tiempo de cólicos hepáticos y su doctor le había dicho convencido:

 

“Ya le di todas las medicinas posibles, no me queda más que recomendarle que pase una temporada en Tehuacán y cada mañana vaya hasta el manantial para llenar un garrafón de dos litros con sus aguas milagrosas,  tómelas durante todo el día como agua de uso, eso hará sin duda que se le deshagan las piedras de la vesícula”.

 

Siguiendo el consejo la joven arregló sus asuntos para venir por varias semanas a nuestra ciudad.  Al bajar en la estación de ferrocarril, abordó un carro de alquiler y le pidió al chofer que la llevara a una Casa de Huéspedes buena, bonita y barata,  llegando a la pensión donde trabajaba el esposo de la joven que refiero al principio de este relato.

 

Queriendo hacer amigos entabló plática con él y en los días siguientes fue usual verlos cuando él iba a acompañarla a tomar su agua milagrosa.  Una cosa llevó a la otra, de la amabilidad de un empleado hacia un huésped, siguió la simpatía y casi sin darse cuenta estaban envueltos por una atracción mutua que no tardó en convertirse en una pasión arrolladora.

 

Las aguas minerales hicieron su efecto y la dama visitante comenzó a sentirse mucho más animada, sobre todo por la satisfacción que le proporcionaba la compañía del muchacho.  El plazo de su regreso se aproximaba, y un día llena de interés ella le dijo a él:

“Ahora que regrese a mi tierra  ¿Te irías conmigo?”

 

El muchacho sin pensarlo dos veces le dijo que sí.  Con cautela fue sacando ropa de su casa y llegado el día los dos abordaron el tren, que conforme los alejaba de nuestra ciudad los acercaba al paraíso de poder amarse libremente.

 

Cuando la esposa se dio cuenta de lo sucedido, porque no faltó un alma comunicativa que se lo hiciera saber, cayó en una profunda melancolía de la que ningún razonamiento pudo sacarla, no comía, no dormía y el abandono fue un mal consejero.

 

Después de una larga noche de insomnio, se puso su mejor vestido y se maquilló, pero como no tenía costumbre puso carmín de más en sus mejillas y tomó la mala decisión de integrarse a la “zona Roja” de la ciudad, que en esa época estaba por el rumbo del Carmen para dedicarse desde entonces a la prostitución, decepcionada porque su esposo no había sabido valorarla como una mujer honrada.

 

Después tomó posesión de una Banca del Parque Juárez frente a La Lonja y se le veía con un vestido pegado cubierta con un mantón, altísimos tacones de aguja, con su pelo negro de mediano tamaño con un fleco sobre la frente  y cuando algún parroquiano la miraba con interés, le decía con voz clara y fuerte:

“¿QUIERES PECAR? te cuesta tres pesos”.

 

Al poco tiempo hizo ahorros y se compró uno de los primeros aparatos de radio que empezaban a salir, entonces su mensaje de oferta cambió y decía sus posibles clientes:

“¡QUIERES PECAR? TE CUESTA CINCO PESOS, porque ya tengo radio”.

 

Pasó durante años por todas las penurias, abusos y cuanto trae aparejada “La vida difícil de una mujer fácil”, fue de mano en mano, creciendo cada vez más su dolor y como continuó pintándose las mejillas con exceso y de color rojo, acabó por ser conocida con el sobrenombre de “LA PIEL ROJA”.

 

Un día que se sintió muy enferma del cuerpo, porque del alma estaba muerta desde hacía mucho, se internó en el Hospital Municipal, adonde la muerte piadosa la sorprendió en el mes de Julio de 1952.

 

 

Como es usual, en las personas que se dedican a esa riesgosa profesión, no tenía amistades y sus parientes  si tal vez los tuvo la habían olvidado, o se avergonzaban de ella y fue gracias a las limosnas de gente piadosa como le dieron cristiana sepultura.

 

Extraído de: Leyendas, Tradiciones y Consejas Populares de Tehuacán, de Guadalupe Martínez Galindo. Adquieran el libro, está lleno de importantes relatos urbanos de la historia de Tehuacán. Recomendamos su obra, pueden ordenar libros de Guadalupe Martínez escribiendo a: margalupita@hotmail.com

 

 

 

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