La Toma de Tehuacán durante la Revolución Mexicana en 1914

La Toma de Tehuacán durante la Revolución Mexicana en 1914

publicado en: Cultural, Históricas, Social | 2

La Toma de Tehuacán durante la Revolución Mexicana:

 

El 21 de octubre de 1914 más de ochocientos hombres armados comandados por Higinio Aguilar irrumpieron en la población de Tepanco, saqueando los comercios, allanando las casas particulares y destrozando los muebles de las oficinas públicas; el alcalde Antonio Carrillo avisó al de Tehuacán que los rebeldes amenazaron con hacer lo mismo en esta ciudad, por lo que inmediato se dio la voz de alarma.

 

 

En tanto aquí los elementos del 16°Cuerpos Explorados amenazaron con dejar sin protección a Tehuacán, si no les pagaban sus sueldos, además que al irse saquearían los comercios. Ante lo grave de la situación del general Lechuga y los representantes de los comerciantes locales acordaron otorgar un préstamo por 400 diarios para no dejar la ciudad a merced de los rebeldes que ya se acercaban peligrosamente por el rumbo de Tepeteopan.

 

 

La entrada de los rebeldes a Tehuacán:

Al día siguiente, o sea el 22 de octubre a las 7:45 horas más de mil hombres encabezados por los ex federales (que se habían cambiado con los zapatistas) Higinio Aguilar, Benjamín Argumedo, Juan Andrew Almazán y José Trinidad Ruiz llegaron a terrenos de la hacienda de San Lorenzo y al pueblo de Teotipilco y desatándose de inmediato un nutrido combate contra las fuerzas del general Juan Lechuga que resguardaba a esta ciudad.

 

 

Media hora después, los rebeldes pusieron avanzar y llegar hasta la estación del ferrocarril, escenario de una cruenta batalla que se cargo a favor de los rebeldes al contar con una notable superioridad sobre los escasos 200 rurales y un puñado de civiles que se vieron obligados a participar para defender sus vidas y su patrimonio. A las diez de la mañana hubo un cese al fuego, pero una después se reanudaron las hostilidades colocando los rebeldes dos ametralladoras en la hoy esquina de las calles 1 poniente y 4 sur, disparando contra las torres de la parroquia, hoy catedral, desde donde un puñado de civiles respondían débilmente; había francotiradores apostados a la iglesia del Carmen, en las azoteas del almacén El Puerto de Barcelona y de la casa del señor José Manuel Ostolasa, hoy cine Santander.

 

 

El sistema de defensa que implantó el general Lechuga solo abarcaba las calles actualmente conocidas como 2 poniente, avenida Independencia poniente, 1 y 3 poniente. Por tal motivo la resistencia duro muy poco y a cerca de las doce del día en la 1 poniente entraron a caballo los jefes rebeldes, Argumedo, Aguilar, Almazán y Ruiz llevando la guardia de los clarines que tocaban la marcha dragona y una pequeña escolta. Minutos más tarde el saqueo se generalizó en las principales casa de comercio del centro, aprovechando que el general Lechuga había huido de la ciudad con rumbo desconocido.

 

 

A las tres de la tarde, los generales rebeldes reunieron en el Casino a las personas más acaudaladas e importantes de Tehuacán para exigirles 100,000 pesos a cambio de detener la depredación. Resalto la actitud del señor Manuel Haza quien ofreció todo lo que había en su almacén la Barata para que no le siguieran haciendo mal a los comerciantes y siguieron asiéndole mal a Tehuacán, por los ex federales se negaron a aceptar la propuesta y solo dejaron en libertad a estas personas cuando pagaron 20,000 pesos del total que exigían.

 

 

A las 20 horas el panorama era desolador las calles del poniente de la ciudad presentaban un dantesco aspecto con cadáveres regados sobre la 1 y 3 poniente, aun los soldados se dedicaban al pillaje y al secuestro y ultraje de mujeres. Esa noche nadie durmió en Tehuacán, ya que unos se escondían temerosos de ser asaltados o asesinados, otros buscaban a sus familiares y amigos desaparecidos y unos cuantos recogían en carretas los cuerpos esparcidos en las calles.

 

 

El desenlace de la batalla:

El día 23 a las 12 horas, Higinio Aguilar Exigió al alcalde Mariano E. Domínguez la entrega de 200,000 pesos por abandonar la plaza o de lo contrario iniciaría el fusilamiento masivo de un grupo de comerciantes que mantenían encerrados en el casino. Con grandes esfuerzos lograron reunirse 27,000 pesos que al ser entregados a Aguilar este burlonamente dijo que lo devolvería “ya que solo era un préstamo”.

 

 

Antes de retirarse por el poniente de la ciudad, los rebeldes colocaron más de 60 cadáveres en unos carros estacionados en los patios de la estación del ferro carril y les prendieron fuego poniendo en circulación las locomotoras que volcaron metros más adelante.

 

 

El día 24 de octubre el alcalde Mariano E. Domínguez rindió el parte de los hechos ocurridos dos días antes, y decía: “a las 7 y 45 minutos de la mañana del 22 se pusieron en contacto las fuerzas que guarnecían esta ciudad con las Hordas que comandaban los ex federales Benjamín Argumedo, Andrew, Almazán, Higinio Aguilar y otros, en terrenos de la hacienda grande a tres kilómetros de distancia a esta misma cabecera, en número de más de 1000 hombres a aproximadamente, entablándose un reñido combate en que tres veces fueron rechazados, hasta que por falta absoluta de parque tuvieron que replegarse los soldados de la guarnición, dando lugar a la invasión de esta.

 

 

Hubo un segundo enganche de gente en San Lorenzo quienes se incorporaron tanto a las filas del señor Francisco Barbosa como a las filas de Lechuga, los nombres de los siguientes: Gil Pacheco, Teodoro Castillo, Teófilo Pioquinto, Lucio Huerta, Luis Ortiz, Martín Ortiz, Juan Reyes, Andrés Navarro, Jesús Romero, Julián Tapia, Feliciano Epitacio, Amando Gómez, Sabino Mota, Roberto Ginés y otros que dijo ya no recordar.

 

 

Hubo ocasión en que Higinio Aguilar tomo una plaza importante en la sierra; Lechuga estaba en los cerros de Chapulco, al saber lo acontecido fue en auxilio de los defensores, esta vez sí contaban con suficiente municiones y contingentes, en cual pudo desalojar a Aguilar de la plaza y lo persiguió por dos estados; Puebla y Oaxaca, lo persiguió como perro de cacería, hizo todo lo posible por tenerlo en sus manos; quizá quiso cobrarse la afrenta de la toma de la plaza de Tehuacán, el contingente de Aguilar que anduvo asalto de mata perseguido por Lechuga se disolvió por los cerros cercanos a Huajuapan de León .

 

 

Esta versión de la persecución a Higinio Aguilar la supo el señor Gabino Huerta por los oficiales del General Francisco Barbosa; tiempo después la misma versión se la platicaron quienes anduvieron con Lechuga y que formaron parte de ese contingente de soldados sobrevivientes de esa encarnizada lucha entre carrancistas y zapatistas, que a fin de cuentas fue el pueblo el que sufrió las consecuencias, a Zapata ya por ese entonces se le conocía como el Atila del Sur, porque no dejaba nada a su paso que sirviera de subsistencia, fue la época del hambre o de la calamidad como le llamaron los campesinos de la región .

 

 

 

Fuente: Huerta, Gilberto. 2002. “ Vida y hechos del Gral. Lechuga . Pag. 223

 

 

 

 

Seguir Historia de Tehuacán:

Somos un conjunto de emprendedores cautivados por la belleza histórica y cultural de Tehuacán Puebla. Hacemos pequeños esfuerzos por difundir a nuestra ciudad y la región como un lugar importante en la historia de México.

Últimas publicaciones de

2 Respuestas

  1. Amauri Díaz

    Excelente blog. Felicidades.

  2. Gabriela

    en casa se enterraron bajo el ropero la maquina de coser y los cubiertos, pues los revolucionarios fundia todo el metal para hacer balas, se llevaban a los jovenes, por lo que estos tambien eran escondidos, en dobles fondos de roperos, saquearon el negocio familiar y ademas cada general que tomaba la plaza pedía pago en oros y dejaba sus billetes, papelitos sin valor, vaciaban los carros de ferrrocarril que venian de Mexico o Oaxaca hacia Veracruz, muchos perdieron allí sus capitales, el campo se dejo de sembrar, los hombres en la bola, las mujeres desfallecidas con sus hijos en brazos caminaban como sonambulas por las vacías calles, hasta caer muertas de hambre, fueron tiempos dolorosos, sólo el que los vivió sabe lo cruento, y lo desprotegido que se vio cada pequeño poblado de la región…