La Niña del Hotel Peñafiel (Mitos y Leyendas de Tehuacán)

La Niña del Hotel Peñafiel (Mitos y Leyendas de Tehuacán)

publicado en: Cultural, Turísticas | 1

La Niña del Hotel Peñafiel:

El edificio que ocupa actualmente la UNID es uno de los inmuebles de mayor importancia en la historia reciente de Tehuacán, sobre todo durante la época de oro del turismo (entre la década de los 30’s hasta los 60’s) donde es bien sabido que como Hotel Garci-Crespo y posteriormente Hotel Peñafiel, fue visitado por importantes personalidades como Mario Moreno Cantinflas, María Félix y varios presidentes de la república que lo ocupaban como centro vacacional.

 

Conforme avanzó el tiempo nuestra ciudad entró en un periodo de decadencia como destino turístico por diversos factores como el surgimiento del turismo de playa con nuevos atractivos como el puerto de Acapulco, de tal modo que este importante edificio poco a poco fue perdiendo su prestigio y con ello a su fiel y pudiente cartera de clientes,  pasando a manos de distintos propietarios por varios años, hasta que en 2005 entró en un litigio definitivo para aclarar a quién pertenecía pues habían surgido diferentes dueños.

 

Tras algunos meses de conflicto un tribunal federal decretó que pertenecía a un banco, mismo que lo puso a la venta casi de inmediato, ganando la “subasta” el Grupo Romero que hasta hoy continúa siendo su apoderado; estos hábiles empresarios encontraron a un arrendatario idóneo, la Universidad Interamericana para el Desarrollo, institución que de paso podría atender a los estudiantes de la Universidad Euroamericana que llevaba ya más de diez años operando en el edificio y que por supuesto estaban inconformes con el cambio de administración.

 

Después de otros meses de negociaciones la UNID inició su primer ciclo escolar pero antes tuvo que invertir en una restauración a fondo cambiando los pisos, remozando los baños, reacondicionando las oficinas y muchos movimientos propios que buscaban revertir el estado descuidado en que se entregó el Ex-Hotel. El proyecto incluía nuevos laboratorios de cómputo, mobiliario y equipamiento diverso para laboratorios, aulas, talleres y oficinas… como es comprensible eran necesarios los servicios de una empresa de seguridad privada que resguardara estos bienes.

 

Luego de ver las condiciones del edificio, los representantes de la agencia hicieron las recomendaciones de rigor y se acordó la contratación de los elementos de seguridad, pero se dice que la primera noche el vigilante amaneció dormido en los jardines y al otro día ya no regresó a trabajar sin dar motivo alguno, simplemente ya no se presentó. Así pasaron varias semanas cambiando de personal y ninguno aguantó dos noches en la UNID.

 

Lógicamente la agencia fue notificada sobre el mal desempeño de sus elementos, el contrato peligraba puesto que no se estaba cumpliendo lo acordado, así que uno de los administradores citó a sus guardias para preguntarles qué estaba pasando, si sabían de algún rumor, a lo cual uno de los vigilantes respondió que nadie quería trabajar en el Ex Hotel porque se decía que en las noches se escuchaban golpes, murmullos y que inclusive un compañero había visto a los quemados de la cocina que murieron en un incendio varios años atrás.

 

El administrador tomó el asunto con mucha seriedad y mandó al guardia de peor carácter, uno que decía que nada le daba miedo. Se llamaba Alfredo Marcos, tendría unos 40 años, era jarocho y sí, también tenía mal talante, era negro azulado, muy seco al hablar y a veces hasta grosero, pero en contra-parte era firme y el más responsable, así que el primer día que llegó se la pasó dando rondines para reconocer el lugar, pero ya entrada la tarde le llegó su primera advertencia:

 

Por ese tiempo en la planta alta del edificio se encontraba la biblioteca; cuando el guardia subió en la parte de afuera encontró a unos trabajadores que estaban quitando la alfombra toda polvorienta por la remodelación, pero lo que en verdad atrajo su atención fue una niña güera de unos cuatro años que andaba descalza al fondo de los anaqueles; no le dio mayor importancia pensando que podría ser  la hija de algún profesor así que continuó con su recorrido.

 

Pasó el tiempo y casi era la hora de cerrar… el policía estaba al pendiente de los maestros que salían esperando ver a la güerita, pero cuando uno de los últimos profesores iba de salida, el guardia le cortó el paso para preguntarle dónde estaba su hija; el maestro algo molesto le respondió que no tenía hijos, que arriba ya no había nadie y que la biblioteca estaba cerrada desde hacía una semana. El jarocho le explicó lo que pasaba y de inmediato subieron a revisar pensando que alguno de los albañiles había olvidado a la niña, pero al terminar su búsqueda sólo encontraron unas huellas pequeñas marcadas en el polvo de la alfombra.

 

El oficial se quedó mudo y más por pena que por miedo se disculpó con el profesor y lo acompañó al estacionamiento para cerrar porque ya era tarde. Así fue colocando uno por uno los seguros del portón, del estacionamiento, de la puerta del acceso principal y finalmente los de los antiguos canceles de madera del interior. Tras un rato de hojear un periódico, ya más tranquilo y olvidándose de la güera, el policía encendió un cigarro y se disponía a ir al baño cuando escuchó un estruendo en la parte superior del Ex Hotel, era como si una piedra muy pesada hubiera caído en seco. Con cuidado subió a revisar, para su fortuna todas las luces estaban encendidas y lo que más le importaba era saber si alguien se había metido.

 

“En ese tiempo todavía decía que yo le tenía más miedo a los vivos que a los muertos”.

 

Después de revisar toda la planta alta descansó en el lobby pero no se quería acercar a la biblioteca, él sabía que algo no andaba bien así que tomó aire, despejó su mente y culpó del ruido al estrés del día, así que ya calmado avanzó hacia el ala derecha de la Universidad para apagar las luces e irse a descansar. Lentamente llegó al final del corredor por la planta alta, pero cuando bajó las escaleras sintió un aire helado que le recorrió la espalda y sin pensarlo corrió hacia la salida al final del pasillo.

 

Llegó a la reja que daba al estacionamiento pero se dio cuenta que no tenía llaves así que permaneció en silencio por algunos minutos mirando el suelo, no quería levantar la cara, sólo de reojo sabía que las luces continuaban encendidas, así que se dio valor y empezó a rezar. Al paso de unos minutos ya no se escuchaban los ruidos y pensándolo bien el aire frío podía provenir de algún salón que se quedó con las ventanas abiertas, así que poco a poco se tranquilizó nuevamente.

 

Sin moverse encendió otro cigarro, se rió de su miedo absurdo y vio el control de la luz que por fortuna estaba casi junto a la reja de salida, así que se animó a bajar el interruptor, pero cuando puso sus dedos en el breaker, una niña lo tomó del brazo y le dijo “no apagues la luz, porque me da miedo”, acto seguido la niña gritó y se apagaron todas las luces.

 

Se hizo el silencio.

 

Al día siguiente el guardia fue encontrado desmayado en el lugar y al igual que los demás ya no fue a trabajar, de hecho abandonó el oficio de la seguridad hasta el día de hoy que platicamos con él en entrevista y es que dice, son experiencias que cambian la vida. Tras casi 10 años de este misterioso acontecimiento, cuando pasa por el edificio todavía recuerda la fuerza sobrenatural de la niña pero sobre todo el grito desgarrador que no lo deja dormir.

 

¿Por qué no vas a buscarla? Sólo no apagues la luz.

 

 

 

Seguir Historia de Tehuacán:

Somos un conjunto de emprendedores cautivados por la belleza histórica y cultural de Tehuacán Puebla. Hacemos pequeños esfuerzos por difundir a nuestra ciudad y la región como un lugar importante en la historia de México.

Últimas publicaciones de

Una respuesta

  1. Jahir Monroy

    Yo estudie la universidad en este instituto, nunca vi absolutamente nada pero si nos contaron varias leyendas y entre esas leyendas estaba esta que mencionan en este blog, Quiero agradecer y felicitar a quienes conforman este sitio web de Tehuacán,